Peligro en el campo: Guía para proteger a tu perro de las espigas
Con la llegada del calor, muchas gramíneas se secan y sueltan sus semillas: las espigas. Parecen inofensivas, pero su forma de punta de flecha está diseñada para clavarse y avanzar siempre hacia delante.
En perros, esto las convierte en auténticos proyectiles vegetales capaces de perforar piel, oídos, nariz, ojos y tejidos profundos. Detectarlas a tiempo marca la diferencia entre una extracción sencilla y una urgencia veterinaria seria.
1. ¿Por qué son tan peligrosas?
Las espigas no suelen quedarse en la superficie. Sus pequeñas barbas laterales funcionan como un anzuelo: entran con facilidad, pero no retroceden.
- En las patas: se clavan entre los dedos y pueden formar una fístula dolorosa que se infecta rápido.
- En los oídos: avanzan hacia el conducto y pueden lesionar el tímpano en pocas horas.
- En la nariz: el perro puede aspirarlas al olfatear y desplazarlas hacia zonas internas.
- En los ojos: se alojan tras el párpado y provocan irritación severa o úlceras corneales.
2. Identificación: las espigas más comunes
No toda hierba alta representa el mismo riesgo. Estas son algunas de las formas más habituales que conviene evitar en primavera y verano:
3. Prevención y accesorios de protección
La estrategia más efectiva sigue siendo evitar zonas con hierba alta y seca, pero hay medidas muy útiles si paseas por campo, caminos rurales o parques poco mantenidos:
- Cubreorejas o snoods: muy útiles en perros de orejas largas, como Cocker o Springer Spaniel.
- Botines: protegen los espacios interdigitales en rutas por zonas críticas.
- Corte de pelo táctico: recortar entre almohadillas y alrededor de las orejas reduce puntos de anclaje.
- Elección de ruta: priorizar senderos despejados y evitar márgenes secos o solares abandonados.
4. Revisión post-paseo: el checklist obligatorio
Al llegar a casa, la inspección debe ser táctil, no solo visual. Muchas espigas no se ven, pero sí se notan como un punto duro, una zona caliente o una inflamación incipiente.
- Espacios interdigitales: abre bien los dedos y revisa entre almohadillas.
- Conducto auditivo: mira la entrada de la oreja sin introducir bastoncillos ni pinzas.
- Axilas e ingles: la piel fina facilita la penetración.
- Bajo la cola: revisa la zona perianal y pliegues cercanos.
- Pecho y abdomen: especialmente en perros bajos o de pelo largo.
5. Señales de alerta: cuándo ir al veterinario
Si aparece alguno de estos signos tras un paseo, no conviene esperar a ver si mejora solo:
- Sacudidas de cabeza violentas o cabeza ladeada.
- Estornudos intensos y repetidos, a veces con sangre.
- Lamido obsesivo de una pata o aparición de un granito rojo con agujero central.
- Ojo cerrado, lloroso o inflamado de aparición brusca.
Aviso de seguridad
Si ves una espiga que ya ha empezado a introducirse en la piel, el oído o el ojo, no intentes sacarla salvo que esté completamente superficial. Si se rompe y queda la punta dentro, puede hacer falta sedación o cirugía para localizarla.
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Sí. También aparecen en parques urbanos, descampados, bordes de carretera y jardines poco desbrozados.
Perros de pelo largo, orejas caídas, patas muy peludas o que exploran mucho con nariz y hocico suelen acumular más riesgo.